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La enfermera que labora en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) debe poseer un perfil enmarcado en una filosofía integradora que incluya conocimientos afectivos, emocionales, científicos y tecnológicos. Es imprescindible que esta filosofía integradora armonice con la presencia física de esta enfermera, donde esta presencia sea significativa tanto para el paciente como para sus familiares, este modo de estar presente significa “ver, tocar, hacer, escuchar” a este paciente, que debe ser concebido como un ser holístico, donde el fin último del cuidado que le proporciona esta enfermera sea la felicidad no sólo para él y sus familiares sino también para la colectividad; o en última instancia ayudar a este enfermo a tener una muerte digna cuando ésta sea irremediable.

Una aproximación al perfil de la enfermera intensivista.


La enfermera como integrante del equipo de salud tiene una gran responsabilidad: cuidar a las personas con compromiso profesional, esto implica, velar por la dignidad que merece el ser humano; ya que éste es un ser complejo y digno por naturaleza.

Las ideas precedentes permiten concretar que la persona es un ser único, con características propias, poseedor de una individualidad irrepetible, con un espíritu gregario desde que inicia su desarrollo en el útero materno, por lo que obligatoriamente establece una relación constante con su medio externo e interno, lo que implica un proceso de adaptación a los diversos cambios o sucesos que confronta permanentemente.

Entre estos cambios o sucesos están las enfermedades que en algunas ocasiones exige la hospitalización de la persona en unidades complejas como las unidades de cuidados intensivos, donde se ingresan pacientes que tienen afectados uno o más sistemas orgánicos. Entre estos pacientes se encuentran los afectados por problemas cardiovasculares entre los cuales están los que han padecido un infarto de miocardio complicado, hemodinámicamente inestables que ameritan métodos invasivos y el apoyo de la ventilación mecánica, pacientes politraumatizados, pacientes adolescentes entre otros.

En relación a las características del profesional que brinda cuidados a las y los adolescentes en la UCI, debe ser un terapeuta que se interese y se preocupe por las y los adolescentes debe ser un cuidador moralmente responsable y competente en la toma de decisiones éticas, capaz de analizar los cuidados que va a proporcionar, manifestar profundo interés por ellos como persona única. El enfoque del cuidado debe ser holístico y no solo centrado en el cuerpo de ellos. Debe estar consciente que su papel es curarlos y cuidarlos y no solamente tratarlo. Tener conciencia de que la adolescencia es una etapa de vulnerabilidad y profundos cambios, y por eso son considerados “Tierra de Nadie”. Estar comprometido en establecer una ética de cuidado para ellos. Debe ser un virtuoso, es decir, que pretenda alcanzar la excelencia y huya de la mediocridad, de la medianía y busque el bien interno de la práctica profesional. La responsabilidad moral se centra en la resolución de conflictos y el desarrollo moral al entendimiento de derechos y reglas. La actividad de cuidar debe estar centrada en el cuidar del otro de manera responsable, bajo el precepto de ocuparnos de las y los adolescentes manteniendo relaciones interpersonales, sin dejar de lado nuestro rol de terapeuta. El cuidado proporcionado a las y los adolescentes debe representar el corazón y el alma de la profesión y se debe utilizar los tres enfoques éticos: virtud, principios y cuidados.
Por regla general la hospitalización posee una serie de características objetivas como son:

  • La situación de aislamiento del enfermo, tanto por la separación de este de su núcleo familiar como por su confinamiento en un espacio reducido.
  • La despersonalización del paciente ya que generalmente al enfermo se le asigna un número, se le retiran casi todos los objetos personales, lo cual conduce a una pérdida de identidad del enfermo para transformarse en un objeto de asistencia.
  • La pérdida de intimidad, ya que el enfermo está siempre disponible para la totalidad del personal asistencial.
  • La reglamentación de las actividades del paciente como lo son: el horario de las comidas y visitas, el aseo personal, el tiempo de descanso, la calidad del sueño entre otros. (3)

El paciente cuando ingresa a una Unidad de Cuidados Intensivos pierde su autonomía, convirtiéndose en un ser dependiente de la atención que le ofrece el equipo de salud, en este equipo se encuentra la enfermera, quien tiene la responsabilidad de proporcionar el cuidado asistencial como es: la administración de medicamentos, el cuidado corporal que va desde el baño en cama hasta el cuidado de la piel para prevenir deterioro en la misma, la administración de la dieta, la fisioterapia respiratoria entre muchas otras; por lo que la enfermera que labora en la unidad de cuidados intensivos se convierte durante su práctica profesional en una “madre sustituta”, puesto que está ayudando a solucionar las alteraciones que se encuentran presente en este enfermo.

Se considera que las causas por las cuales una persona es hospitalizada en la UCI provoca una separación rápida y abrupta de los escenarios en los cuales se desempeñaba; Lejos de su familia, amigos y compañeros de trabajo, de pronto se encuentra en un espacio físico desconocido portando tubos, sondas, catéteres, rodeado de aparatos generadores de sonidos irritantes que producen ansiedad en este; esto unido a la ejecución de procedimientos traumáticos y dolorosos.

Todo esto de alguna manera afecta la estructura sicológica del paciente, por lo que este experimenta sentimientos de temor, ansiedad, inseguridad e incapacidad para adaptarse a ese ambiente.

Es por esto, que el enfermo que se encuentra en una Unidad de Cuidados Intensivos por sus condiciones críticas, exige que la enfermera que lo va a cuidar tenga la responsabilidad de ofrecerle un cuidado de forma integral, concibiéndolo como un ser holístico, único; donde su equilibrio está afectado no sólo desde el punto de vista orgánico sino también emocional y social. En consecuencia, la enfermera que labora en la UCI debe poseer un perfil enmarcado en una filosofía integradora que incluya conocimientos afectivos, emocionales, científicos y tecnológicos.

El conocimiento afectivo y emocional incluye una serie de cualidades que debe poseer esta enfermera, algunas de estas son: Altruista, afectuosa, tolerante, empática, flexible, capaz de enfrentar el estrés, tener habilidad de establecer una relación armoniosa con el resto del equipo de salud entre otras. El trato solidario hacia sus iguales refuerza el apoyo emocional consistente y afectivo como aspecto fundamental del cuidado dentro de la profesión de enfermería.

El conocimiento científico está basado en el proceso de enfermería como método de trabajo que debe considerar la enfermera durante su práctica profesional al desarrollar sus competencias como son: cuidar (asistencial), gerenciar, investigar, y la docencia. Al ejecutar la competencia del cuidar en el paciente que está hospitalizado en la UCI, la enfermera tiene la oportunidad de realizar la valoración tanto subjetiva (en el caso de los pacientes que están conscientes) como objetiva a través del examen físico lo cual le permite identificar diagnósticos de enfermería tanto reales como de riesgos así como también problemas colaborativos donde estos últimos van a ser solucionados en conjunto con el resto del equipo de salud. Esto le ofrece la oportunidad a la enfermera de elaborar y ejecutar planes de cuidado en función de prioridades para luego evaluar estos cuidados a través de la respuesta del paciente.
El proceso de enfermería es una forma de pensamiento y acción que se basa en el método científico, que va a proveer organización y dirección a las actividades de enfermería que permite evaluar los resultados a través de la respuesta del paciente (4). Este conocimiento científico favorece la reflexión y la creatividad para la toma de decisiones éticas. Asimismo, la enfermera intensivista al desempeñar la competencia del gerenciar debe ser capaz de administrar el cuidado que le va a proporcionar al paciente en estado crítico, estableciendo prioridades en cada una de sus actuaciones; planificando, organizando, ejecutando y evaluando este cuidado.

Unido a las competencias anteriores, la enfermera intensivista debe reconocer la importancia de la investigación en las unidades de cuidados intensivos. Una de las alternativas que tiene la enfermera que cuida al paciente crítico son los estudios de casos, a través de los cuales la enfermera puede desarrollar la competencia de investigar como una de las más fundamentales en la práctica profesional.


La humanización del cuidado por la enfermera intensivista también exige proporcionar apoyo a la familia por cuanto la UCI es un ambiente restringido, con normas específicas que limitan el acceso a la familia a su ser querido. Por tal razón, la comunicación que la enfermera intensivista establece con ella ha de ser fluida, honesta, receptiva, escucharle sus inquietudes, responderle sus interrogantes, y demostrarle una actitud de respeto y consideración.

Es importante que la enfermera intensivista incluya y cuide al unísono “a la persona que está hospitalizada en la UCI y a sus familiares como un solo núcleo del cuidado lo que facilita a ésta comprender las dificultades socio emocionales surgidas en el grupo familiar como una totalidad, esto a su vez permite darles apoyo más decidido y comprometido durante el proceso de adaptación a la nueva situación que confrontan” (6). El profesional de enfermería debe apoyar a la persona cuidada por medio de actitudes y acciones que muestren interés por su bienestar y su aceptación como persona que piensa, siente, y padece, y evitar considerarlo como un ser cosificado, que responde a una enfermedad manifestada a través de unos signos y síntomas.

Es imprescindible que esta filosofía integradora armonice con la presencia física de esta enfermera, donde esta presencia sea significativa tanto para el paciente como para sus familiares, este modo de estar presente significa “ver, tocar, hacer, escuchar” a este paciente, que debe ser concebido como un ser holístico, donde el fin último del cuidado que le proporciona esta enfermera sea la felicidad no sólo para él y sus familiares sino también para la colectividad; o en última instancia ayudar a este enfermo a tener una muerte digna cuando ésta sea irremediable.